NULIDAD PATERNA

Hace unos años, una sentencia del Tribunal Supremo de los EE.UU. dió luz verde al aborto libre, aunque aprobó 4 restricciones que el Estado de Pensilvania había decretado. Se dificultaron los trámites para abortar, pero no se impidió lo que para estos jueces representaba "un ingrediente de la libertad de la mujer, pues la madre embarazada está sujeta a ansiedades, a limitaciones físicas y a dolores que sólo ella debe soportar.." 

Esta declaración fue, según Rojas Marcos, un reflejo del respeto por la calidad de vida de la mujer. Para él, una mujer soltera puede tener un hijo sin padre conocido a partir de una inseminación artificial. Lo importante para Rojas Marcos (y también para mí) es que el niño tenga "afecto". Pero no debe ser lo único. Por ese camino de desprecio hacia la figura del padre se puede llegar al "Mundo Feliz" de A. Huxley. Si lo que defiende ese psiquiatra se consintiera, en poco tiempo un hombre también podrá pedir (y nadie se lo podría negar) tener un hijo a partir de un óvulo y una matriz artificial. De ahí a la probeta estatal, sin padre ni madre, hay sólo un paso, que la ciencia resolverá pronto... 

Faltaba mencionar un detalle de la sentencia: se revocó un punto, el que permitía a los maridos participar con la mujer en la decisión de interrumpir el embarazo. Hay que recordar pues esta sentencia como la exaltación de la madre y la anulación del padre.

Porque eso es lo que hay. Y no sólo en EE.UU. Fíjense en cualquier artículo de los que hablen sobre el aborto: nunca verán la palabra "padres". Son cero absoluto.

Una vez me quejé a Cristina Alberdi, después de una intervención suya en su línea típica de que hay que ver lo que sufren las mujeres en todo y lo malvados que son los hombres. Le argumenté que la discriminación y los malos tratos actúan en las dos direcciones, por lo que se debe luchar no contra un sexo, sino contra la discriminación venga de donde venga. Para que se dejara de tanto victimismo le hablé del nulo papel masculino en el aborto. Y ella contestó: "Los hombres no intervenís por una razón: ¡no conozco ninguno que haya parido!". 

Touché!... El complemento a su respuesta vendría de un hombre de hace 40 años. Le habría éste apoyado, diciéndole que "a las mujeres hay que hacerles el amor y luego desentenderse del resultado". Y luego, le habría replicado que las mujeres ocupan el lugar que "les corresponde en la sociedad" por la falta de la fuerza y las habilidades necesarias. Sin embargo, le hablé del papel reproductor, de la función biológica de los dos sexos, complementarios entre sí. Dije que todo asunto relacionado con el hijo, para bien o para mal y desde el principio, es cosa de los dos padres. Ambos intervienen y son necesarios para su equilibrio salvo casos de fuerza mayor. Esto no impedía reconocer la importancia de la mujer, merecedora de un trato favorable (por ejemplo, en casos de violación o peligro suyo, ella sóla debe decidir), pero que ello no debía implicar que fuera la única con poder de decisión, pues eso supondría la destrucción del derecho paterno.

El hastío con que me miraba se transformó en indignación cuando me atreví a decir que los hijos no son "parte de su cuerpo", pues son "otro cuerpo", dentro del de la madre y alimentado por ésta, pero distinto... 

Hablar de exclusividad de la madre en un embarazo es una salvajada. Y esto no sólo lo dice la propia Naturaleza. Un embarazo y todo lo que conlleva surge de un acto contractual y de amor recíproco, y sólo debe romperse si ambos están de acuerdo. Si la madre reclama la "propiedad" entonces es que ha engañado al padre. Le hizo ver que era un acto conjunto lo que después impondría como individual. Lo está utilizando y rebajando al papel de espermatozoide.

Y si en el primer momento los hombres renuncian a su paternidad, que no vengan luego reivindicándola. La dignidad perdida no se recupera fácilmente. Una consecuencia: las separaciones; a los padres se les arrebatan los hijos y no pueden apenas verlos. 

Hace unos años, la feminista Evelyne Sullerot denunció el papel "ridículo casi" que se reserva a los padres. En la cuestión clave de los hijos, dijo que "las mujeres han impuesto su dominio, y no sólo en materia de procreación, sino también en todos los pasos que se dan hasta la mayoría de edad de los hijos". Ingenuamente se preguntó: "¿qué sociedad nacerá de estos hijos sin padres?", y se declaró decidida a dar la batalla para "salvar a los padres"; y ello, "en el interés de los niños y también en el de las mujeres".

¿En el de las mujeres? Sí, porque ese dominio es un arma de doble filo, ya que supone una atadura social y laboral.

Cierto es que a la mayoría de ellas les interesa la situación en la que "se ha pasado del reino de los padres al de las madres", un peligroso monopolio. 

¿Y a los hombres? Los conservadores ceden sus derechos porque para muchos de ellos la familia es para la mujer; lo demás, para el hombre. Bueno, hay que dejarlas entrar en el mundo laboral, aunque eso sí, sin responsabilidades, ya que les falta disponibilidad... 

Pero, ¿y los progres? ¿Por qué renuncian a sus derechos y con ello arrastran a los demás? Por lo mismo que los conservadores, aunque aquí con una pizca de inconsciencia o tal vez pícardía. Para muchos, basta con el "sacrificio" de llevar a sus hijos un día a la semana de paseo. Que no interfieran en su carrera, pero les oyes hablar y todo es compartir las tareas, igualdad, y bla, bla, bla... Casi pùede decirse que para ellos existe una vergüenza colectiva por el hecho de ser padres, que se asocia con lo "antiguo". 

Queda una minoría, que tenemos que ver cómo nos arrebatan nuestros hijos. Pero tenemos ún recurso: cuando la mujer desee un hijo hay que dejar claras las cosas sobre la corresponsabilidad, de forma oral y si es preciso por escrito. Si ella contesta con que "será suyo y bien suyo", entonces que lo tenga sóla si es capaz... o que se procure el semental que buscaba en otra parte.

Dos milenios atrás, el Consejo de Ancianos Espartano decidía al nacer un niño si debía vivir o morir. Si vivía, a los pocos años se le arrebataba de las manos impotentes de sus madres para educarlo lejos de ellas.

Hoy, la barbarie se sigue perpetrando. Mientras que en Occidente los padres no valen nada, en Oriente ese trato es para las madres; sin embargo, ambas zonas denostan a la otra por "incivilizada". Las dos tienen razón.

RAMON PASTOR QUIRANT. 

PRESIDENTE DE LA UNIÓN DE SEPARADOS DE ESPAÑA
 

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Autor: RAMON PASTOR QUIRANT
Erstellungsdatum 31.07.1999 G*A*B - Datum: 02.09.1999 Mail: RAMON PASTOR QUIRANT.
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